Capítulo 4 — Duplicado activo
Marina se arrastró hacia atrás, intentando alejarse. Las dos Estelas seguían allí, una frente a la otra, como reflejos imperfectos.
La que estaba dentro de la grieta se mantenía quieta, sonriendo con los ojos vacíos.
La otra —la que estaba en el archivo— respiraba con dificultad, como si cada inhalación le doliera.
—¿Qué… qué está pasando? —preguntó Marina, temblando—. ¿Cuál de ustedes…?
La Estela del archivo se giró lentamente hacia ella.
—No sé cuál soy.
—¿Qué?
—Recuerdo haber venido contigo. Recuerdo que vi la grieta. Pero después… no recuerdo salir. Y ahora ella me mira como si yo fuera… la copia.
La otra Estela, la del otro lado, levantó una mano y la apoyó sobre la grieta.
La pared respondió con un sonido leve, como un vidrio vibrando.
—No hay copia —dijo, sonriendo—. Solo registro.
Cada cosa que entra aquí… se guarda.
Cada persona… también.
Marina se puso de pie, tambaleando.
—Esto no tiene sentido.
—Claro que lo tiene —respondió la Estela del otro lado—. Tú lo escribiste. Mira tus archivos.
Marina miró al suelo. La carpeta seguía abierta, pero ahora había más hojas, muchas más.
La mayoría tenían su nombre en la parte superior, pero los textos eran distintos.
Algunos describían su infancia.
Otros, cosas que aún no habían pasado.
“M.T. abre la carpeta por última vez. Decide romper el ciclo.”
—Esto… —balbuceó— esto está escribiéndose solo.
—No —corrigió Estela—. Lo estás escribiendo tú.
El archivo solo conserva lo que decides negar.
Marina la observó en silencio. La cabeza le latía. Sentía las sienes arder.
—Si esto es un registro, entonces puedo destruirlo. Puedo borrar todo.
—Inténtalo —susurró la Estela del otro lado.
Marina se agachó, tomó las hojas y las llevó hacia una lámpara de escritorio. La bombilla estaba caliente. Las acercó al vidrio hasta que comenzó a humear el papel.
Pero antes de que se quemara, el texto cambió.
“M.T. intenta destruir el archivo. El archivo se protege.”
El papel se endureció. Se volvió rígido, como piedra.
Marina lo soltó con un grito.
Las demás hojas comenzaron a temblar, levantándose del suelo, girando lentamente a su alrededor, como un enjambre.
Cada una tenía ahora un texto distinto, pero todas compartían la misma frase al final:
“Duplicado activo confirmado.”
Las luces del sótano parpadearon.
La Estela que estaba dentro de la grieta sonrió y dio un paso adelante.
Su cuerpo atravesó la pared como si el concreto fuera agua.
—¡No! —gritó Marina.
Pero la figura se fundió con la otra Estela.
Durante un instante fueron una sola cosa, temblando, descompuesta, con la carne vibrando como si no supiera qué forma adoptar.
Después, solo quedó una Estela.
De pie. Mirando a Marina.
—Ya no hay dos —dijo con voz firme—. Solo queda la versión registrada.
—¿Qué significa eso?
—Que tú también tienes una copia.
—¿Qué…?
Estela levantó una hoja del suelo y la colocó sobre la mesa.
“Archivo: M.T. Duplicado activo.”
Marina miró sus propias manos. Por un instante, las vio desfasadas.
Como si tuviera una segunda silueta, un eco de su cuerpo moviéndose medio segundo después.
Intentó respirar, pero el aire se volvió espeso.
—No… no puede ser.
Estela dio un paso hacia ella.
—El archivo reescribe, Marina. No destruye.
No busca borrar el pasado. Lo sustituye.
Marina miró su reflejo en la superficie metálica de una bandeja.
Y lo que vio no era ella.
Su reflejo sonreía.